Cuando conseguimos pareja y formalizamos esa relación, es porque estamos seguros de haber encontrado a la persona ideal para compartir la vida. El amor, la comprensión y la personalidad de él o ella encajan con nosotros. Sin embargo, ambos poseen una familia de origen que, se quiera o no, influirá en el desarrollo de esa unión. Sea directa o indirectamente, los parientes cercanos o de crianza, especialmente padres y suegros, marcarán de forma negativa o positiva el enlace amoroso. Aquí te contamos de qué manera podrían influir.
Ejemplo a seguir
La psicología ha demostrado que la relación que tuvieron nuestros padres influye en nuestras relaciones de pareja. Venir de un matrimonio feliz y duradero se convierte en un referente cuando se forma una familia. Igual sucede si nos criamos dentro de una relación sin respeto y amor o si sufrimos el divorcio de nuestros padres. A menudo, esas vivencias se convierten en un ejemplo a seguir o crea patrones de conducta.
Ser poco comprometidos, infieles, cariñosos, responsables, machistas o dominantes, etc., en una relación de pareja, puede tener su origen en casa. Claro, eso no significa que una mala o buena experiencia familiar signen nuestro destino. Todo dependerá de cómo se manejen las emociones, la madurez, e incluso si se recibió ayuda terapéutica para superar lo vivido.
Lo cierto es que es muy probable que se tome como modelo (sin tener consciencia de ello) la relación de nuestros padres y hasta de nuestros suegros. Esto ocurre cuando se es muy cercano a la familia. También podemos sentirnos presionados para llevar una relación exitosa como la que se admira o se tiene de ejemplo.